La codicia que todo lo puede
Cómo es la gente, cómo somos las personas. Resulta casi increible, y digo casi, porque del ser humano se puede esperar absolutamente todo, incluso las mayores atrocidades imaginables, que dos personas de la misma sangre, hablo de hermanos, puedan dejarse llevar por esta locura transitoria que es la codicia hasta tal punto de pelearse por un premio de la lotería.
Ya lo dicen algunos, y no les falta razón:
si te toca la lotería, te conviertes en un desgraciado
Y lo son, ahora sí. Dos hermanos que seguramente se llevaban bien (si no, jugarían a suertes por separado), se querellan, no se volverán a hablar en toda su vida y ponen una barrera de por medio en sus antes sacrificadas, pero seguro que más felices vidas, por unos míseros 733.778 euros, que a mi modo de ver, no son suficientes (ninguna cantidad lo es) para romper relaciones entre hermanos.
La gente, como ya he dicho, es así, y lo seguirá siendo por los siglos de los siglos, amén.
¿Favoritos de Dios? …un cojón. Somos la peste negra del planeta.
Esto ha ocurrido en Barcelona, como podría haber ocurrido, y de hecho ha sido así en bastantes ocasiones, en otros muchos sitios de nuestra amada geografía.
NI POR TODO EL ORO DEL MUNDO. Eso es lo que tendríamos que entender.




