Cabezas de turco
La paranoia es lo que tiene, intentas buscar una causa, por increíble y falsa que parezca, a un hecho que nos resulta extaño. Y cuando se trata de buscar una explicación para una metedura de pata, la paranoia puede convertirse en un cruzada contra "quien o lo que sea" para expiar las culpas, desviarlas e impedir que salpiquen.
Un avión es desviado de su ruta y obligado a aterrizar en un aeropuerto distinto del que en principio debía hacerlo. Acaban sobre la pista de aterrizaje sin dejar bajar a un solo pasajero y registrando cada centímetro del avión, o más bien, cada centímetro de bolsos, ropas y pertenencias de cada uno de ellos.
Finalmente, al no encontrar nada inculpatorio, una causa razonable que explique ese radical cambio de rumbo, empiezan a inventar: y se inventan un destornillador, una caja de cerillas, vaselina, y una nota atribuída a Al Qaeda. Todo en manos de una mujer que al parecer, había tenido un ataque de claustrofobia en pleno vuelo, terrorismo en estado puro. "Se nos va a caer el pelo" diría algún lumbrera, pero claro, están tranquilos, pues el miedo y el odio que nos han inculcado (digno de la novela de Orwell 1984) hace que todo esté justificado por impedir una masacre, hasta la invención de terroristas. Unos quieren guerras para vengar su pasado, a otros les interesa que exista miedo, para permitirse un mayor control sobre la población. Al final todos ganan, excepto los ciudadanos. 1984
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