Ser una persona con el privilegio de haber heredado una farmacia es, hoy día, equiparable a haberte tocado la lotería. La razón, como todo el mundo sabe, es que para poder obtener una licencia, a veces hay que remover cielo y tierra, y ni aún así.
En España tan sólo puede haber una farmacia por cada determinado número de habitantes, de manera que las que ya hay tienen asegurado un lucrativo negocio vendiendo algo que para las personas es total y absolutamente necesario.
Ahora, si alguien estudia para algún día ser farmaceútico titulado debería saber que le va a resultar casi imposible poder abrir una, a no ser que tenga la gran cantidad de dinero que piden por un traspaso: Hasta 5 millones de Euros, 5. O bien resignarse a trabajar como empleado en una de ellas.
Las razones para que esto sea así están justificadas por un lado (mayor control de las ventas de medicamentos) pero injusto por el otro, ya que ese mismo control sería perfectamente viable si se liberase dicho negocio, poniendo atención a la fabricación y distribución, permitiendo al mismo tiempo mayor libertad de horario, mayor libertad para el consumidor (si el farmaceútico de la esquina me cae mal, no estaría obligado a ir a su farmacia cuando sólamente él está de guardia) y mayor libertad para los farmaceúticos "en paro".
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